Quizá ya ocurrió

Por Dona

Ojalá exista algún dios bueno y me salve…


Hay personas que pasan por la vida, pero la vida no pasa por ellas. Otros no aprenden de sus propias experiencias ni de las experiencias ajenas; muchos ejemplos ilustran este comentario. Sucede con frecuencia que las personas, después de ser formadas en una determinada materia, no ponen iniciativa o pasión en lo que saben hacer. Ocurre algo similar con amigos: “Encantado de haberte conocido”, ¡adiós muy buenas para toda la vida!. El caso es que a la hora del compromiso la dificultad les llega a sobrepasar. Que nos sale con prisas la relación y aterriza como puedas. Evidente, la mayoría de las veces nos estrellamos. ¿Y entonces? Algo se pierde en el alma cuando un amigo se va, “tarari”, dice la canción. Así la vida. Que uno no sabe cómo desaprovechar oportunidades afines a los sentimientos. Que no. Y dejemos por ahora lo relacionado con temas de escabrosos de la amistad y pasemos a otros ejemplos. Uno de estos trata de personas que se dedican a criticar por criticar, empezando por familiares y conocidos, y acabando con su cara estrellada a un espejo. Que son así. Este grupo, habitualmente, no se integra en ningún colectivo por aquello de la crítica y sus haceres psicopatológicos; así no se construye nada, y menos una relación. Nunca aportan soluciones ni se integran porque todo es malo, y prefieren permanecer toda la vida en la barrera como espectadores y críticos de lo que sucede, y así se les va la vida. No obstante, y gracias a algún dios bueno, hay quienes hacen de la vida una alegría, pero no pueden fingir, ni vivir de espaldas a la realidad que les rodea, prefieren rechazar la comodidad si a cambio han de prestarse a un juego sucio. Son alegrías, son gracias, son payasos, que deciden morir antes que dejar de reír. Nada vale la riqueza si a cambio se pierde la alegría de vivir, y no digamos la conciencia y dignidad. Sin duda hay personas que se resisten a ser “comprados” o “vendidos”, y respiran aire fresco cada día. Saben que la vida es algo muy especial, ven la magnificencia de un rayo de sol, incluso son capaces de ver quien pasa desapercibido a los demás: saben ser agradecidos. Son personas que no gustan desperdiciar nada de lo bueno de la vida y aprecian todo aquello que sirva para regalar por una sonrisa. Esas personas son paradigmas de la sociedad, o mejor diría… extraterrestres que se equivocaron de planeta. Son personas que viven y dejan vivir. Son los llamados a dar la alerta a quienes tienen un descuido, y pueden iluminar caminos y seguir hacia sus destinos sin condiciones. Es posible que cuando usted esté leyendo esto muchos de esos seres extraterrestres ya no convivan con nosotros y se hayan vuelto a sus lugares de origen, a los libros y a sus historias, para descansar de tanto miserable celebrando sus miserias. Quién sabe. Hoy quiero cerrar temprano. Hoy quiero dar con el traste al día, como una la lección personal para ir a impresionarme a Les Seniaes (perdóname) de donde Quizá ya ocurrió nunca debió salir. Ojalá exista algún dios bueno y me salve… y nos salve… para repetirlo. (No se la jueguen, hablo en serio. Sean felices).

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