Son encuestas y tiene el valor de las frases hechas
-¿Un 4%, qué te decía yo? ¿Y yo qué sé, es tanto lo que me dices? -No te hagas el suecano. Te dije que si hubiera elecciones las ganaríamos de arreu. Está claro. Y no lo quieres reconocer porque eres de “ellos”. -¿Qué dices? y entonces, ¿qué interés tiene ganar unas elecciones que no son? Faltan dos años. Y pedí otras cervezas sólo por escucharlo decir que si hoy hubiera elecciones las ganarían “ellos”. Son encuestas, Antonio, y son lo que son, dicen uno y a la vez dicen lo contrario. Es una cosa, pero puede ser otra, es lo que quiera ser según quien lo interprete de forma contundente. Es así, tan incomprensible como el querer encarcelar al juez Garzón por desenterrar a los enterrados vivos o no de la guerra civil. “Ley de Memoria Histórica”. O lo de absolver a un violador que no lo era después de varios años preso por no considerar su ADN. O que por un descuido excarcelen a un guardia civil que asesinó (confeso) a su compañera sentimental de un tiro en la cabeza y ahora el juez dice que ya que fue sin mala intención que para qué va volver a prisión. Mejor se quede en casa a la espera de juicio ¿Quizá ya ocurrió? Cada día que pasa estoy más de acuerdo con mi psiquiatra que dice que el mundo se ha vuelto loco. (Y me dice el Sabina que debe ser primavera…). Es que nos falta decisión para afrontar una realidad que aunque difícil tiene solución. Se diría que hemos perdido la esperanza, o peor, la imaginación para salir de esta crisis tan perjudicial para la economía del país. La calle. La tele. La radio. La prensa escrita, y la punto com. ¡Crisis, crisis y crisis!. “Pesimismo”. Ojalá que la reunión de ayer sirva para bien, y no rompan la baraja como el verano pasado. El país no lo soportaría. -Por eso perderéis las elecciones. -Y dale. “A mí qué me importa”. “Y yo qué sé”. “A mí que me dejen como estoy”. “Yo estoy bien así, el que esté mal que se arregle”. “Que se busque la vida”. ¡”Virgencita, virgencita…”!. ¡Caramba!, me han salido las frases más solidarias y manidas de este país. Que mientras sean otros los que se mueran… Sí, ya sé que son frases hechas. Claro. Pero son frases que duelen. Cada día estamos peor y no hacemos nada para evitarlo. ¡Ay, dona, ahora sí que somos pobres de verdad!. Díganme: ¿si hay frases hechas, cuáles son las que no lo son? Si fuera cierto que, “por medio de la lectura se accede al fascinante mundo del conocimiento que brinda puentes de acceso a universos paralelos con posibilidades infinitas”. ¿Construirían un puente desde Valencia hasta Mallorca sobre un mar de palabras, fabricado con frases hechas de arena y de verbos irregulares, cuyas columnas jamás se podrían venir abajo porque sus zapatas serían producto de una encuesta realizada por un “visitador” o “llamador”, que sólo Dios sabe cuáles son sus propósitos, perversidades u objetivos? ¿Qué hacer, dona… dona… (ay, dona está malina. Prubitina), para que mis frases sean originales y no hechas? ¿Cómo puedo sentirme satisfecho de mis decires si debo ser fiel a unas frases hechas que ayunan ante un hacinamiento simbólico que apuntan a unos intereses concretos?








