Gracias por estar ahí…
Sí, créanlo, o no, pero creo que me estoy volviendo loco, y no sólo porque lo digan mis vecinas, sino porque me leo y me corrijo, y dale, y dale que te dale. Es horrible. Pero lo más, es que cuando llego al agotamiento voy y me lo creo. Lo de estos días es masiao. Y qué le voy a hacer, en mi conciencia caerá el castigo por el daño terrible que me inflingo de tanto corregirme, a veces es peor lo que quiero decir y no digo que lo que digo sin querer. Esto no puede acabar bien. Podría ser el mayor facilitador de decires absurdos en el mundo, que por cierto, confronta problemas ajemos para aprovechar sus aplicaciones. ¿Y la rapidez con que renuevo mis opiniones? De ahí las correcciones que hago cada vez más sin sentido, eso me obliga, y hace de lo que escribo, con la complicidad del momento, la intención de dominar la combinación de pareceres y decires que asaltan y descontrolan mi mente. Y eso que soy neutral. Pero eso creo que me estoy volviendo loco. Que tienen razón mis vecinas al decir que me estoy yendo al igual que quien pierden el tren otras. Deben creerme. A diferencia de mis relaciones con los vecinos, que con un manual que llevo, corrijo mis errores y me disculpo (a veces), no debiera corregir tanto lo que escribo. Lo primero que uno escribe es lo mejor. A veces me troncho. Sin embargo, ante la complicada relación que mantengo con mis decires, no me sorprendería que me hicieran una oferta de portabilidad al manicomio por tiempo indefinido. Que el infierno está a tope, lo sé de fuentes fidedignas, pero los manicomios necesitan gente con la capacidad de que, ante una situación complicada, logren que todo en sea irrelevante, que halla más que menos, y fe, mucha fe en las personas. Que no vale la pena llorar. Que uno sólo ha de querer de buena fe. Encontrar a alguien que te quiera y acepte lo imprevisible que hay en ti; alguien que sepa sustraer lo que es obvio de una situación absurda y añadirle un abrazo fraternal que no existe. Caso negociado y cerrado. Dadas las circunstancias, tengo a bien anunciar que me voy a secuestrar. Y dotaré el zulo de las más avanzadas tecnologías para que, en el caso de que me flaquearan las fuerzas y me diera por la fugarme, sobre todo si fuera por amor, me sea imposible. Para asegurarme he contratado a los mejores expertos en hechos delictivos educados en las mejores escuelas carcelarias. No puedo leerme y después creer lo que escribo, por no. De ahí que me secuestre. Y no quiero hacer alarde, pero nadie podrá liberarme porque ni yo mismo sé dónde me estaré. Pero si de manera casual fuera liberado, que así tendría que ser, no podré decir cuándo, ni siquiera dónde, ni por qué… sin correr el riesgo de auto destruirme. Por favor, deben de creerme, significa mucho para mí. Que sepan que soy potencialmente el más asiduo lector de un Quizá ya ocurrió defraudado por sus amistades. (Ojalá esta absurdidad sirva a mis sombras para valorar como se merece el amanecer de un día y su sol, y entender que todo es mi casa y ustedes mi familia. Gracias por estar ahí… De nada).








