“Más o menos”
La Biblia inspirada por Dios, es útil para enseñar, para reargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. Pedro dice, entendiendo esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo. A modo informativo decir que La Biblia consta de 66 libros que fueron escritos a lo largo de 1600 años desde 1500 a.C hasta 100 d.C -más o menos-, por más de 40 personas. Todos seguidores de Jesús. El Antiguo Testamento tiene 39 libros escritos desde 1500 hasta 400 a.C -más o menos- y El Nuevo Testamento tiene 27 libros escritos desde 45 hasta 100 d.C -más o menos-. La Biblia Hebrea tiene el mismo texto que el Antiguo Testamento -más o menos-, que la Biblia en español, pero lo dispone de modo diferente. Pero dice lo mismo -más o menos-. Que La Biblia se interpreta como la justicia es una realidad. Tal que la vida. Para bien y para mal. Sin embargo, la vida es más tolerante, y está hecha de pequeñas y grandes cosas más al gusto de los humanos, por eso conviene dar al cerebro un respiro, bromear, sonreír, robar a la vida momentos de felicidad. No hay que ser tan estrictos. “Que esto no se dice, que esto no se hace, que deja niño de jugar con la pelota” que dice el Serrat -más o menos-. El cielo y el infierno. Cuando nos da por investigar por la vida y nuestro cuerpo nos encontramos con nombres que al pensar en ellos, además de la curiosidad por su etimología, queremos saber quién lo creó. El único que se salva de esta necesidad es el corazón. Y aunque es uno de los más importantes en cuanto a funciones del ser humano, es a la vez el más conflictivo por sus implicaciones en el amor. Vale que es necesario para el cuerpo… ¿pero qué carajo pinta en el amor? ¿A quién se le ocurrió decir que el corazón tiene que ver con el amor? Acaso la mente. Desde luego el corazón no tiene nada que ver. Son cosas de Cupido el gordito. O de algún otro ser mitológico interesado en hacernos creer que el corazón es lo que no es. Y digo yo: ¿A santo de qué darle ese protagonismo al corazón? Igual nos creemos que fueron esos seres y resulta que fue el Corte Inglés. Que torres más altas cayeron. -¡Ay, doctora!, cómo me duele el corazón. -Te dolerá el reuma pero no el corazón. El corazón no duele. -Pues entonces será el alma. -Tampoco. -¿Entonces qué me duele doctora? -Si me dices lo que tienes, ¿eres difícil verdad? ¿Cuáles son los síntomas? -Me veo morir. -Pues una de dos: o es cierto que te estás muriendo, mala pinta sí que tienes, o estás enamorado. -¿Enamorado yo? Entonces me muero, doctora, porque si el corazón no duele ni tampoco el alma, y a mí me duele… ¿Cada uno sabe lo que siente cuando está a punto de morir? -No. Pero sí cuando uno está enamorado. -¿Sabe que le digo? Que la vida es “más o menos”. Sonrió, y lo hicimos, -más o menos-.








